Me fascina el tatuaje extremo. No lo practicaría en mi cuerpo, pero siento una especial fijación en los cuerpos que se convierten en lienzos vivientes, rellenando hasta el último recoveco de la piel con tatuajes, hasta convertirse en auténticas obras de arte vivientes.

Dos de los ejemplos que últimamente me tienen obsesionado, son Isobel Varley, una mujer de 70 años, que a pesar de iniciarse a una edad tardía en esto del tatuaje, no ha cesado en rellenar su cuerpo con dibujos de todo tipo.

Otro ejemplo que me fascina, es el de Pascal Tourain, un francés de dos metros de altura que es en sí mismo una auténtica obra de arte, con alucinantes tatuajes, donde se repasan escenas del "Freaks" de Browning y otros monstruos de feria.