El año 2007, no pasará a los anales de la historia cinematográfica por su buena cosecha de películas. Quizás sea recordado como el año del gran tropezón de Quentin Tarantino, que ni tan solo él consiguió mantener el nivel de su carrera; y cuando dentro de unos años revisemos los almanaques que hagan referencia a las obras gestadas, comprobaremos que para rellenar huecos, se tuvo que recurrir a trabajos fracasados que en otras ocasiones habrían pasado por el mayor de los olvidos. Así pues, de entre toda la criba de productos, de fácil deglución y digestión inmediata, “Zodiac” brilla como un diamante radiado por una luz divina, dando como fruto la obra más adulta y compleja de David Fincher y a la par, la mejor película de este recién finiquitado 2007. Es por ello, que a pesar de quedar ya lejano su estreno, es de justicia, dedicarle una pequeña crítica a un trabajo del que sin lugar a dudas crecerán sus enteros con el paso de los años y ya de paso, rememorar los antiguos trabajos del ingenioso Fincher.

Si aún no han visto “Zodiac” tengan en cuenta que esta crítica, contiene pistas que podrían hacer perder al espectador, la mirada virginal que se merece esta producción. Dicho esto, vamos por la crítica.

Si hoy muriese David Fincher (Cosa que evidentemente no deseo) y dentro de una década se decidiese hacer una retrospectiva de su obra, nos encontraríamos con todo un conjunto de trabajos fallidos, ante los que no se nos caerían los anillos, al atribuir la invalidez de los proyectos a las presiones de las productoras, o a la falta de libertad del director para poder llevar adelante sus películas, sin que se entrometiera el productor en la sala de montaje y decidiese que es lo que estaba bien o mal a golpe de tijera. En este grupo de películas nos encontraríamos con “The Game” o “La habitación del pánico”. También habríamos creado otro grupo en el que aislaríamos “Seven” y la catalogaríamos como una película importante en su momento, pero que no supo aguantar con dignidad el paso del tiempo y envejeció de manera precipitada. Incluso llegaríamos a hacer justicia cuando le quitásemos a “Alien” la aureola de película incomprendida, cuando en realidad se trataba de un coñazo de proporciones astronómicas, que se fue inflando a costa de la expectación del director tras la embarazosa calificación de autor de obras de culto.

Una vez separado el grano de la paja, nos habríamos quedado con dos películas capitales, que por si mismas ya valdrían la filmografía de muchos directores. En un lado de la balanza estaría “El club de la lucha”, representando una de las obras más ingeniosas y anárquicas que se hayan colado nunca en un circuito comercial. Al otro lado estaría “Zodiac” una obra antagónica, no solo a “El club de la lucha” sino al conjunto de la obra de Fincher, desprendiéndose de los imposibles y contorsionados picados y contrapicados, de las sobreposiciones y la digitalización como recurso narrativo y retomando las raíces de la narración clásica, sin espectacularidad ni nada que pueda alterar el curso de la historia que se nos plantea. Desde una mirada macroscópica, podríamos incluso llegar a pensar que no se trata del mismo director de “Seven”, pero es justo ahí donde radica el ingenio del autor, en demostrar al espectador que es capaz de desprenderse de la “marca” David Fincher para poder atacar una historia desde una perspectiva clásica, pero mucho más compleja.

“Zodiac” es una película de asesinos en serie. El asesino articula la historia, pero no es en absoluto el eje central de la trama, dando el principal protagonismo a los periodistas y policías que investigarán el caso. Por lo tanto, Fincher vuelve a desmarcarse en un genero tan sobado como es este. Así pues, el Asesino del Zodiaco podríamos interpretarlo como la antítesis de Anibal Lecter. Zodiac es un tipo vulgar, gordo, calvo… y es esto lo que le convierte, si cabe, en un ser más aterrador por la credibilidad que desprende tanta proximidad. Como espectador me niego a aceptar la existencia de un Anibal Lecter. Me cuesta creer que a mi lado pueda rondar un sibarita de la carne humana y que aprecie con la misma pasión a Picasso. Por el contrario, el Asesino del Zodiaco puede ser el vecino de quinto o un compañero de trabajo y es ello lo que consigue aterrorizar, la proximidad del asesino al espectador.

En “Zodiac” no se plasma únicamente la caza de un asesino, sino el retrato de una obsesión. La obsesión del asesino por encontrar nuevas víctimas que a la vez retroalimentan la obsesión de su cazador y la de una sociedad necesitada de emociones fuertes para encontrar sentido a su vulgaridad.

Poco más, se me antoja decir al respecto de esta película, apartada del circuito comercial por una tibia acogida, por parte de un público que deriva entre la súper-producción trufada de efectos especiales, y el falso cine de autor, dejando al margen una obra que se encuentra a medio camino de las grandes producciones y el cine de la última edad dorada de Hollywood. Espero, con un cierto egoísmo por mi parte, que llegados a este extremo, “Zodiac” quede relegada durante unos años al olvido, que no se acuerden de ella en los próximos Oscars y que permanezca en pleno proceso de maceración, en aquel rincón oscuro, donde de manera invisible se van haciendo grandes las películas y años después, salen a la luz como intemporales obras de culto.