Si decidiésemos hacer un estudio antropológico, acerca de la evolución sexual del siglo pasado, una inmejorable fuente de documentación, serían las revistas eróticas. Vapuleadas por las mentes bienpensantes y engrumadas por onanistas, nunca se les ha concedido el riguroso lugar que deberían representar. El de espejo de una sociedad que siempre ha recurrido a ellas, solicitándolas al librero con la boca pequeña, esperando la reacción del vendedor al comprobar la dudosa proliferación de espinillas en el comprador o adquiriéndolas en la clandestinidad, lo que debería dar un morbo terrible al asunto. Comprar una revista porno, que el quiosquero pasaría por debajo del mostrador, sería sin lugar a dudas el mejor de los placeres.

Hoy, la morbosidad que podían desprender aquellas publicaciones, ha quedado reducido a la más mínima expresión. El imperio Milton, el “Todo vale para ponerle la polla tiesa al lector” y la interpretación que se hizo del erotismo a finales del siglo pasado, con el amontonamiento de cuerpos desnudos en posiciones acrobáticas, para mayor goce del pornógrafo de turno, acabó con todo tipo de reflexión artística que desprendían las revistas eróticas previas a la década de los 90.

Es por ello, que resulta hoy más interesante que nunca, repasar antiguos ejemplares de revistas eróticas, ¡Qué no daría yo, por encontrar el Lib, Ébano, Clímax o el Ratos de Cama, perfectamente escaneados y colgados en Internet por algún fetichista con pedigrí, añejo y casposo! Así que mientras espero que alguien se dedique a hacer justicia con la erótica caspa patria, me dedico a pasear por páginas como esta, donde aparecen un buen número de revistas eróticas y que aislando todo tipo de visualización sicalíptica, podríamos encontrarnos, como decía al principio del post, con la imagen gráfica de la evolución sexual del siglo XX. Desde la clandestinidad de principios de siglo, donde mostrar un dedo del pie desnudo ya era una escándalo, por lo que se sustituía todo tipo de imagen por lecturas calenturientas, a la irrupción de las pin-up’s en los 50, el erotismo jipi de los 60, donde a modo de excusa se ingería en el nudismo y el naturismo para fotografiar los cuerpos que vistos hoy rezuman una inocencia indescriptible o el desenfreno de los 70 que ya empezaba a prevenir lo que llegaría en décadas posteriores.