Pocas películas han conseguido hacerme perder el sueño. Quizás, la escena en la que aparece el pequeño vampiro flotando tras la ventana en "El misterio de Salem's Lot" sea la que mejor consiguió mantenerme muchas noches en vela, expectante ante cualquier arañazo en los cristales de mi habitación yrevisando constantemente la posible presencia de vampiros durmientes bajo mi cama.

Cuando uno cuenta con diez años, el terror se intensifica, se agarra a los huesos y es difícil desprenderse de él. Mucho más tarde llegué a admitir que no aparecería ningún niño flotando tras mi ventana y que a los vampiros no les gustan las pernoctaciones bajo las camas de los niños, prefieren lúgubres ataúdes en los añejos castillos de Transilvania, pero también acudió a mí una cierta nostalgia por haberme desprendido de aquella terrible sensación. Y es queel terror bien canalizado es una sensación fantástica que uno va perdiendo conforme incrementa la edad, pierde la inocencia y con ella la capacidad para ser aterrorizado por algo tan absurdo que ni tan solo existe.


Con el tiempo volví a girar la mirada a la obra de Tobe Hooper,aquel director que tanto me atemorizó en mi más tierna infancia, para así descubrir su destreza el cine de terror, yvi como Leatherface ondeaba su sierra mecánica bajo el Sol, mientras descuartizaba a jóvenes pipiolos, como los espíritus indios podían acudir a las casas encantadas y también me enseñó que las vampirizaciones podían llegar de otros planetas.

Poco a pocoTobe Hooper fue perdiendo aquella genialidad innata que demostró tener en sus primeras obras con las que consiguió ser uno de los mejores directores de género en los incipientes 80. Pero yo siempre lo recordaré como aquel que me acojonó durantesemanas gracias a un chaval vampiro de tez mortecinaque flotaba tras una ventana.