Originalmente fue un cartel de Pink Floyd en su etapa más psicodélica, con un Syd Barrett cadavérico envuelto por retorcidas siluetas. Poco a poco Barrett se fue desplazando por la pared ante la llegada de nuevos carteles que iban creciendo como la hiedra, multiplicándose y repoblando anárquicamente cada rincón, sin premeditación alguna, sin valorar posibles conexiones de estilos o clases. Así pues Pink Floyd tuvo unas fotografías aéreas como vecinas y estas unas serigrafías pertenecientes a una exposición de cómic español celebrada en 2002en Luxemburgo y un cartel de propaganda política ruso y más carteles a todocolor de obras pulp y Barbarella junto a la Mujer de 50 pies, que recorté de un calendario para que formase parte de este conglomerado de imágenes que desconozco hasta que punto llegará, si seguirá extendiéndose por la pared o decidirá detener aquí su crecimiento.

Si usted, amigo lector, es observador, habrá comprobado que el misterio de esta imagen no reside en el conjunto de obras que le dan forma, si no en el espejo que forma parte de la composición, donde aparece mi querida Leny Riefenstahl, retratando mi pared cámara en mano y delatada por el reflejo. O quizás, cual Alicia esté dentro de él, atrapada en un último arrebato y condenada a vivir en su interior.