LOLA, LA MUÑECA INFLABLE

Durante una larga temporada, estuve trabajando con un tipo al que llamaré J.C. Un hombre de tez huesuda, casi cadavérica rematada por un bigotillo que le asemejaba a Lee Van Cleef. J.C. Superaba con creces el meridiano de la cincuentena y desde hacía más de treinta años vivía en casa de un hermano. Carecía de amigos y tras el trabajo consumía su vida fumando Ducados y bebiendo vino, sentado frente a una gastada mesa de Fórmica en el bar que había enfrente de su casa.
J.C. Decidió poner fin a su soledad comprándose una muñeca inflable. La adquirió por correo, tras ver un anuncio en una revista pornográfica. Así que tan pronto como la tuvo entre sus manos se convirtió en su amiga inseparable, llegándole incluso a ponerle un nombre, Lola. Cada vez que la presión arterial se concentraba entre sus piernas, J.C. Vaciaba sus pulmones en el cuerpo de Lola, esta cobraba vida y obedecía sin rechistar todas las órdenes de su amo, pero la relación de J.C. Con Lola, llegó a convertirse en enfermiza cuando nos explicaba que ya no sólo la utilizaba para aliviar su próstata, sino que también la lavaba, la peinaba e incluso hablaba con ella. Lola era su única compañera y su fiel esclava a la vez, de manera que la obsesión de J.C. por su muñeca le llevó a perder la cabeza. Ambos salían juntos a la calle, paseaban y la sentaba a su lado en el bar. Pronto J.C. se convirtió en el hazmerreír del barrio, los chavales le perseguían para burlarse de él, y la gente mayor cambiaba de acera cuando le veían acercarse cogido al brazo de su amada Lola.
Lola y J.C. llevaban dos años de relación ilícita, nunca le importó lo que dijera la gente de él, incluso su hermano llegó a echarlo de casa, tuviéndose que hospedar en una cochambrosa pensión en la que poco importaba si el inquilino vivía con una muñeca inflable o con un perro mientras pagase religiosamente a fin de mes. Una de las pocas posesiones de J.C. era un pequeño Aixam, un vehículo que le permitía desplazarse por la ciudad, siempre en compañía de Lola, a la que llevaba a la playa, a la montaña y allá donde él considerara que se podía encontrar bien.
Una tarde de julio, J.C. y Lola regresaban de la playa. Quizás el sol hirió los ojos del conductor, este perdió el control del coche y se empotró contra un árbol. Fue un accidente estúpido, casi diría que ridículo, J.C. se rompió el cuello y murió en el acto. Una gran muchedumbre se concentró en el lugar del accidente y empezaron a murmurar e incluso algunos a reír cuando comprobaron que como acompañante de la víctima había una muñeca inflable vestida como una cría de trece años. El golpe contra el árbol, hizo que se rompieran algunos cristales del coche, clavándose en la carne de J.C. de manera que su sangre salpicó el cuerpo de Lola y por un momento algunos de los que vieron el accidente, pensaron que la muñeca inflable había cobrado vida y que la sangre brotaba de su vacío cuerpo de plástico. Algunos, aseguraron que la sangre era suya y que de sus ojos caían lágrimas cristalinas.
No permita que sus hijos lean este blog!!!
Puede provocar nihilismo, ludismo, distopia y sudoración mental.
Sr.Ruso/Unabomber, disidente del blog “Mucho Ruso En Rusia”. Consumidor incondicional de cultura cochambrosa. Se pierde por los carajillos de Baileys, escuchar a Frank Zappa, leer tebeos y ver cine caducado. En 1987 es abducido por un OVNI, siendo trasladado a la galaxia Alfa Centauri, donde conoce a Elvis, Franco y Naranjito, conviviendo con ellos en una comuna jipi-espacial. Cuatro años más tarde es devuelto a la Tierra, momento en el cual empieza a colaborar en fanzines, radios y revistas comarcales. El autor define este blog como chiripitiflautico y sinsentido, advirtiendo que su lectura puede provocar sudoración, palpitaciones y acelerar el crecimiento de pelos en la planta del pie.


dp dijo
snif snif, muy emotiva, sí señor...
7 Enero 2007 | 10:14 PM