Una de las principales virtudes de algunas editoriales, es la de convertir en arte los despojos populares de una sociedad tan selectiva como ciega ante algunas maravillas que deslumbran entre el polvo; Al igual que ocurre en el caso de los museos en los que prima el continente y no el contenido, siendo posible elevar a la categoría de “Arte” una mierda sólo por el hecho de estar colgada en sus paredes (¿Pongamos el ejemplo del Guhenheim, CCCB...)

Quizás, la editorial Taschen, siguiendo el espíritu trasgresor de sus orígenes, sea uno de los mayores representantes de esta sublimación de la cultura popular, llegando a hurgar entre los despojos para encontrar arte donde nadie se había dado cuenta antes, llegando a dedicar dos volúmenes a la revista Playboy, al grafismo hawaiano o a la serie de cinco volúmenes titulada “History of Men's Magazines” , donde se dedica un exhausto recorrido por la prensa de barberías, el arte de la erótica barata, desde las recatadas modelos de principios de siglo, las exuberantes Pin-Up’s o el destete cárnico de los 60’s y 70’s con la revolución sexual que fomentó el Flower-Power y demás movimientos contraculturales, sin tener como objetivo final la representación artística de la obra sino desencadenar reacciones químicas en el cerebro, siendo la testosterona la principal protagonista.

Gracias a su lujosa edición “History of Men’s Magazine” se convierten en objeto de deseo no sólo sexual y/o fetichista sino en elemento artístico, poniendo una vez más las cosas en su lugar y recordando que el arte casual de derribo puede adquirir unas dimensiones inesperadas en el momento de su creación, superando en muchas ocasiones a otras expresiones, creadas en una matriz con pretensiones artísticas donde lo que primará finalmente será la firma del autor que en algún momento de estúpida inspiración llegó a colarse en alguna prestigiosa galería que le impregnó de falso prestigio y extremada opulencia vacía, concepto que llega a chocar frontalmente con la filosofía de “History...” donde en muchas de las obras que enriquecen sus páginas ni tan solo se recuerda el nombre de algunos autores, bien por que se perdieron en el tiempo o bien por que en una muestra de asombrosa modestia, el autor ni tan solo se molestó a firmar la obra, ya que en ningún momento llegó a confiar en que la cultura popular llegaría a ser considerada como una auténtica expresión artística.

Es de agradecer el esfuerzo de Taschen por democratizar todas las corrientes artísticas, por bajarlas de la elite de una minoría y por convencer cada día a más gente de que en las estanterías de la sección de arte de una librería, caben por igual las ediciones con las obras completas de Tizziano y un recopilatorio de fotografías de robots retrofutiristas, cohabitando ambas obras en perfecta armonía y aportando felicidad a los ojos del ávido devorador de arte sin complejos.