Una familia de caníbales mutantes, secuestra a una joven. Se la llevan a un fast food de carretera para que la matriarca del clan pueda sacrificarla y así darse una suena comilona. La fiesta se estropea cuando aparece un niño de no más de siete años, con un cigarro colgando del labio inferior que le acentúa una pose chulesca que a la vez resulta incongruente con unos pantalones cortos de colegial y los calcetines correctamente subidos hasta media pernera. Una gorra con una calavera sobre la visera y una potente ametralladora, complementan el equipaje del muchacho, que tras su primera aparición acribilla a balazos a otros mutantes caníbales que pretendían comerse a una guapa muchacha de corto ropaje. La historia continúa hasta el fast food del principio, donde liberará a la primera chica de la comilona mutante y marchará con ambas como un ligón de piscina en un potente sidecar. Hasta llegar a este punto, la sangre no ha parado de manchar la viñetas, dedos cortados de cuajo, cráneos seccionados en dos por un hacha, cabezas literalmente reventadas por las balas que dispara el niño liberador de damiselas...

Así comenzaba la primera historia que inauguraría una de las mejores colecciones de cómics publicadas nunca por Marvel: Aventuras Bizarras. La portada del primer ejemplar obligaba a fijarse en ella en el kiosko, una mujer rubia de protuberantes senos, habría su gabardina para mostrarnos el arsenal que en ella escondía, granadas, pistolas, ametralladoras, un puño americano, una ametralladora... se trataba del especial violencia y con él Stan Lee, tras no llegar a cuajar la apuesta de Epic en tierras americanas, quiso volver a mirarse en el espejo del cómic para adultos europeo, reuniendo a sus mejores guionistas e ilustradores y darles rienda suelta a su imaginación.

El equipo de creadores no podía ser más sorprendente, Bill Sienkiewicz, Frank Miller, John Byrne, Chris Claremont, John Buscema, Bruce Jones, Gene Colan... lo mejor de lo mejor del cómic USA reunidos en volúmenes monográficos: “Maestros del crimen”, “Mujeres fatales”... la estética más adulta del cómic también se daba la mano con los clásicos superhéroes Marvel, esta vez creados para llegar a nuevos públicos. Así pues la Patrulla X, Thor o Punisher adquirían una mayor profundidad en el guión y refinamiento en el pincel de los autores, algo para lo que exceptuando a Epic, no existía ningún ejemplo en el seno de una major norteamericana como Marvel Comics.

El flirteo de la Marvel con el cómic adulto, en su edición española, duró quince números editados entre 1983 y 1985. Durante estos días los he estado repasando uno a uno y he vuelto a admirar la que sin lugar a dudas es una de mis mejores colecciones de cómics y que debido al gran valor sentimental que me otorgan, guardo bajo siete llaves. Si no llegaron a tiempo para conseguir ningún ejemplar o se les pasó en su momento, estén atentos en tiendas de segunda mano y mercadillos donde aún circulan algunos números. Dejarlo escapar de entre las manos debería ser considerado como un pecado mortal por cualquier amante de los tebeos.