Quizás me haga viejo, puede que chochee y que pronto tenga que revisar el estado de mi próstata, pero últimamente me ha dado por repasar las viejas glorias de la canción sesentera y para mayor sorpresa mía, he obviado los clásicos del Verano del Amor norteamericanos o los psicodélicos británicos para caer en los brazos de la canción festivalera mediterránea, así que mis tímpanos no cesan de vibrar, primero con Massiel, luego con Formula V y ahora con Patty Bravo, la que fuese musa del jipismo italiano, híbrido entre la Bardot y Nico. Mujer de prosa elegante que pasmara al mismísimo Antonioni o a Fellini, la misma Bámbola que daría nombre y hasta cierto punto cuerpo a la obra más carnal de Bigas Luna.

La modernez murió con el post-jipismo, el punk dinamitó el espejismo de una generación ilusa, todo lo que llegó más tarde fue la irrupción del desencanto. El Ruido y la Furia ya no era sólo propiedad de Faulkner, la mugre se instaló en las bases provocando que lo que hoy llamamos cool, no sea moderno sino revisionismo.

Es tarde y en la cama ya sólo falto yo.

Patty Bravo en el Teletuby aquí.