La violencia es poliédrica, se nos presenta con diferentes caras pero siempre con la misma finalidad, acabar con el enemigo, agredirle o subyugarlo a nuestro poder. Así es como también lo entiende David Cronenberg en “Una historia de violencia”, mostrando al espectador un excepcional abanico de las diferentes facetas de la violencia endémica de todo ser humano.

Cronenberg siempre a sido un gran narrador del lado más oscuro del ser humano, de sus metamorfosis, ya sean físicas o en el caso que nos ocupa psíquicas. En “Una historia de violencia” todos los personajes son aparentemente normales, responsables padres de familia, hijos modelo o tiernas madres preocupadas por la educación -con excepcional ternura- de sus hijos. Todo marcha sobre ruedas hasta que algo detona en el interior de todos ellos, haciendo brotar al animal que todos llevan dentro, aquel que creían que no existía o con el que deberían haber acabado..

Tom Stall (Vigo Mortensen) es la justa metáfora de que nunca nos podemos desprender de nuestros actos violentos ya que son innatos y aunque creamos haber acabado con ellos, tarde o temprano vuelven a brotar, de manera que el regreso al pasado, como si de sangre se tratara, aviva a la bestia dormida, convirtiéndolo de nuevo en el asesino en serie que nunca dejó de ser.

Cronenberg dibuja a sus personajes con especial maestría, haciendo creíble la evolución de todos ellos y demostrándonos que el paso de la frontera que divide el bien del mal es tan sólo una imposición artificial en todos nosotros, la cual hemos ido modelando según marcan los parámetros de la sociedad en la que nos desarrollamos, demostrando que todos podemos llegar a cruzar la estrecha línea que separa ambos mundos, llegando a observar que la violencia que encuentran los personajes será o no justificada según el acto con el cual la lleve a cabo, así mismo, podremos ver como buena la matanza de los ladrones en manos de Tom Stall en la escena de la cafetería, o la del los gangsters cuando intentan apresar al protagonista, sin llegar a reparar que estos últimos pueden llegar a tener sus motivos para ejercer motivos similares para atacar al protagonista al que irremediablemente el espectador dará todo su apoyo.

No conforme con todo ello, el director decide experimentar con el mismo espectador, animándole a que participe en el juego violento y deseemos si cabe aun más sangre en las escenas en las que creemos necesaria una justa venganza. El encaramiento del pacífico hijo de Tom Stall contra los chulos del instituto que le hacen la vida imposible, provoca una sentida comunión para con el espectador, que deseará que los golpes acaben de una vez por todas con aquellos que no merecen otra cosa más que su propia medicina.

En más de una ocasión, se ha llegado a hablar de “Una historia de violencia” como una obra que dista en cuestión de formas con el resto de la obra de Cronenberg, aún al contrario, se trata de una de sus obras en las que más reivindica los dos pilares de la obra del director canadiense,por un lado la Nueva Carne, con la diferencia que las modificaciones corporales de otras obras anteriores como “Crash”, “Videodrome” se convierten en este caso en mutaciones del inconsciente humano, alargando el paso de gigante que ya había dado en “Spider” para que podamos ver que la verdadera mutación del ser humano no reside en el cuerpo, sino en la mente y por otro lado las infecciones que ya habíamos visto en "Rabia" o de una manera más sutil en "eXistenZ" consiguiendo que la violencia adquiera las mismas dimensiones que un proceso infeccioso que en el momento en que se libera afecta a todos los miembros de una misma comunidad.