Realizar cualquier tipo de critica negativa del reciente Saló del Cómic de Barcelona, resultaría obtuso por mi parte, aún más teniendo en cuenta los orígenes de este certamen y valorando su pujante evolución que ha sido siempre paralela a la respuesta del público asistente.

Quedan ya lejos los tiempos en los que las corrientes de aire propiciaban algún que otro resfriado cuando el Saló se ubicaba en la Estació de França, donde la marabunta de seguidores se amontonaba frente a los estands, con miedo a dar un paso atrás y ser arrastrado por el río de asistentes que más que mirar se dejaban llevar por la corriente de los estrechos pasillos. Aún incluso quedan más lejos los días en los que el Saló se escondía entre los viejos muros de las Drassanes, haciendo que el certamen se pareciese más a un mercadillo para coleccionistas que un certamen con proyección de futuro.

Hoy, las instalaciones en la Feria de Montjuic, otorgan al Saló del Cómic la dimensión que se merece. Pero no sólo han sido las cómodas y grandes instalaciones las que han despertado mi fascinación sino las sobresalientes exposiciones, sabiamente escogidas para atraer a todo tipo de público: el viejo coleccionista (o no) de cómics con la retrospectiva de originales de “El Capitán Trueno” o la selección de tebeos de la Guerra Civil Española, tremendas ambas exposiciones; y el cuidado detallismo que las envolvía, sin ir más lejos, la exposición de “El Capitán Trueno” se encontraba dentro de la replica de un viejo barco de madera. Las nuevas generaciones de comiqueros, pudimos satisfacer nuestro ego al rodearnos de los originales de “V For Vendetta”, admirándolos con la conciencia de que aquellas hojas de papel que colgaban de las paredes eran unas de las más preciadas e importantes muestras del noveno arte.

Sólo por hacer una cierta crítica constructiva, destacaré la desproporcionada presencia de frikis que si bien daban color al evento con sus disfraces, adulteraban la realidad del acontecimiento, ya que la prensa es en ellos en quienes primero se fija para realizar entrevistas entre el público o bien para sacar la fotografía que decorará el respectivo titular para algún diario quedando marginado u olvidado el silencioso e invisible público fiel al certamen que se dedicará a admirar exposiciones y deleitarse ante las (muchas) novedades que ofrecían las editoriales. Otro aspecto negativo con respecto a otros años, ha sido la menor o quizás menos glamurosa asistencia de autores, Sienkiewicz –por citar un ejemplo- es un gran autor pero no por ello deja de estar a años luz de la irremediablemente última visita que realizó Eisner en el 2003.

Quizás, sólo con la intención de criticar de una manera más directa a la organización, me gustaría que alguien me explicase a qué se debía el alarde de protagonismo de las chicas de megafonía, la cantidad de estupideces que soltaban constantemente parecía no tener límite, especialmente durante las últimas horas del domingo y también me gustaría saber a que era debido el trato de favoritismo con respecto a Norma, editorial que no cesaban de repetir incitando la visita del público a su estand y obviando a una buena parte de las editoriales y tiendas allí presentes.