Continuo tal y como les anuncié ayer, con la reseña correspondiente al segundo volumen de “Kill Bill”. Recuerdo que lo escribí a los pocos minutos de ver la película, aún arrebatado por el espectáculo que acababa de disfrutar. Hoy, después de haberla repasado, cambiaría algunas cosas, aunque el fondo continuaría siendo el mismo. Recuerden que fue originalmente escrita para una publicación impresa, por lo que el estilo quizás varie un tanto respecto al que habitualmente utilizo en el blog.

Repásenla si les parece, que mañana continuaré con otras guisas.

Si eres asiduo lector de esta sección, posiblemente recordarás que en el número anterior me dediqué a desmontar la primera parte de esta película y quiero remitirme a aquella crítica, ya que más allá de la conexión directa que tiene con esta segunda parte y tras ver este segundo volumen de “Kill Bill” he de hacer una pequeña rectificación. Si bien dije en su momento que pese a ser una buena película se trataba seguramente del peor film de Tarantino, después de disfrutar con esta segunda parte he llegado a la conclusión de que no se pueden criticar ambas por separado, se han de entender como una sola obra y el conjunto resulta sorprendente, ya que en la segunda mitad aparece el verdadero Tarantino y nos demuestra que todo lo que vimos anteriormente no era más que un divertimento.

Ahora es cuando afloran los inteligentes diálogos a los que nos había acostumbrado en Pulp Fiction (1994) o en Reservoir Dogs (1992). Tarantino ralentiza la violencia, incluso la minimaliza como en la lucha final entre Bill y La Novia en la que pocos directores pueden conseguir tanto con tan poco. Bebe de las fuentes de Pekinpah, allí están “Grupo salvaje” (1969) y sobre todo “Traedme la cabeza de Alfredo García” (1974) pero nos lo cuenta todo como lo hubiera hecho un inspiradísimo Leone a modo de espagueti western (o paella western que diría De La Iglesia) dejando las pelis de Bruce Lee en un segundo plano.

Tarantino sabe sorprender al espectador y lo hace con uno de los guiones más sólidos que ha escrito hasta el momento, haciendo que rías y te entusiasmes con su cine y le pidas más y más.

Los amigos de las curiosidades esten alerta al cameo de Samuel L. Jackson, a la banda sonora en la que aparecen al lado de temas de Morricone uno de Lole y Manuel o al subtítulo que acompaña a este Volumen 2, La novia ensangrentada, que fue también una de las primerizas películas de Vicente Aranda, lo que demuestra una vez más la compulsiva necesidad del autor para devorar cine y sintetizarlo posteriormente en sus películas.

Definitivamente, si algo queda claro es que Tarantino consigue colocar cada cosa en su sitio, por lo que ahora no somos pocos quienes nos sentimos aliviados por poder mantener una conversación cinematográfica con el amigo cinéfilo de turno y después de escuchar todas las virtudes del cine de Bergman, poderle decir que nos gustan las películas de artes marciales y quedarnos tan anchos, o lo que es mejor, comprarnos cada mes el Dojo en el kiosco sin tenerlo que esconder tras el diario, porque Tarantino nos ha demostrado (y de qué manera) que también existe inteligencia en el cine de acción.