Durante años consideré a Stanley Kubrick como el Picasso del cine. Repasaba constantemente toda su obra y leía sesudos estudios acerca de sus películas. Pero siempre me quedaron pendientes algunos deberes como poder ver sus primeros trabajos. Pequeños cortometrajes y documentales que grabó en los orínense de su carrera para la RKO y otros financiados por su propio bolsillo.

Hoy he podido subsanar una de esas pequeñas cuentas que tenía pendientes. Una vez más he podido comprobar la importancia de la banda ancha y el poder que va adquiriendo ese inmenso almacén de videos virtuales que es You Tube. Mientras me he dedicado a perderme por su incalculable fondo de videos, me he encontrado con “Flying Padre”, un falso documental que rodó Kubrick en 1952 y en el cual repasaba 48 horas en la vida de un cura de Nuevo México cuya peculiaridad residía en que para poder llegar a todos sus feligreses ubicados en una
extensión de 400 millas cuadradas, se desplazaba en una avioneta que él mismo pilotaba.

“Flying Padre” no habría pasado a los anales de la historia cinematográfica, de no ser por que la mano del creador de “La Naranja Mecánica” estaba tras la cámara. El mismo Kubrick llegó a calificar esta obra primigenia como una “perfecta tontería”. A pesar de no ser tan tajante como el mismo Kubrick, considero que no se trata de un trabajo al que tengamos que prestar una mayor atención, sino una curiosidad destinada a fans fetichistas.

Algunos de los –pocos- logros relevantes de esta obra, es el rápido ritmo del trabajo, el clímax final donde el Cura Volador tiene que llevar a un niño enfermo con su avioneta hasta una ambulancia que le trasladará al hospital más cercano o las curiosas angulaciones de cámara que en ocasiones y gracias a unos exagerados primeros planos consiguen casi deformar los rostros de algunos de los personajes. También resulta curioso comprobar, como en esta obra, a pesar de ser un trabajo de encargo en el que Kubrick se veía sometido en todo momento a la voluntad del productor, confluyen dos de la los mayores intereses de la juventud de Kubrick, por un lado la aviación, una de sus grandes pasiones que le llevó a sacarse el título de piloto, aunque posteriormente no llegó a pilotar ninguna avioneta ya que lo consideró demasiado peligroso y por otro lado, también aparece reflejada la vocación religiosa del joven Kubrick que le llevó a plantearse durante un tiempo la posibilidad de convertirse en sacerdote.

Si creen que les pude interesar, pásense por este enlace y podrán sumar un punto más en sus conocimientos Kubrickianos además de poder vacilar en cualquier conversación de cinéfilos por el hecho de haber podido visionar un trabajo que hasta el momento resultaba casi imposible de encontrar.