Hace pocas semanas, aún sorprendido por la visión de “Los 7 vampiros de oro” les hacía un pequeño repaso de esta película y de su peculiaridad de fusionar géneros tan dispares en su nacimiento como las artes marciales y el cine de terror, mezcla que en su momento me sorprendió, pero nunca llegué a pensar que la fusión de las artes marciales con otros géneros pudiese llegar a lastrar al mismo Western.

La sorpresa me la he llevado hoy mismo mientras repasaba el imprescindible libro de Rafael De España Breve guía del Western mediterráneo (libro que se merece un post aparte) y he descubierto la alianza entre el kárate y el polvoriento Far West en un trabajo que en España se tituló “El Kárate, el Colt y El Impostor”.

Este brebaje de origen italiano, de dónde si no(¡¡¡benditos italianos!!!) decidió al igual que la Hammer en su momento con “La Leyenda de los siete vampiros de oro” unificar las ya por entonces decadentes producciones europeas de Westerns con el emergente cine de acción y artes marciales que con Bruce Lee al frente se estaba haciendo con una buena cuota de mercado. Para ello, Antonio Margheriti, un habitual de los exploits y el Spaguetthi Western además de codirigir al lado de Paul Morryssey la warholiana Flesh For Frankestein, decidió reunir al GRAN Lee Van Cleef con Lieh Lo, uno de los más característicos protagonistas de películas de artes marciales de la época que en su haber llegó a contar con más de 150 películas además de dirigir algunas de ellas. Incluso el mismo Quentin Tarantino le rindió un sentido homenaje en el segundo volumen de Kill Bill.

El argumento no podía llegar a ser más disparatado y psicotrónico, mezclando las aventuras clásicas de buscadores de tesoros perdidos en medio del lejano Oeste con los mamporros del karateka de turno . Lee Van Cleef interpreta a un forajido que se alía con un intrépido aventurero (Lieh Lo) para buscar un tesoro perdido. La mezcla de géneros para llevar adelante la producción, ya de por sí rocambolesca, se retuerce hasta llegar al límite cuando nos enteramos de que las pistas para dar con el preciado tesoro han sido tatuadas en el culo de cuatro bellas muchachas, cada una de diferente raza, (para que así este subproducto quedase más exótico) a las que tendrán que ir descubriendo por todo el peligroso Oeste Americano. Mientras tanto, otro curioso personaje, en este caso un predicador loco hará todo lo posible para dar antes que ellos con el tesoro, y así poder construir una iglesia con el preciado botín.

Delirante.

Por si les parece poco la existencia de semejante hermandad entre géneros, me consta que las asociaciones entre cazadores de recompensas y karatecas en el lejano Oeste Americano no han quedado reducidas al título que les he estado comentando, aunque quizás sí sea este el que contiene un argumento más retorcido, pueden añadir a la lista, otros subproductos como La ley del kárate en el Oeste dirigida por Tonino Ricci en 1973 o Mi nombre es Shangai Joe y su secuela El regreso de Shangai Joe, dirigidas por Mario Caiano y Bitto Albertini respectivamente y con Klaus Kinsky como protagonista de ambas producciones. Si consiguen hacerse con alguna copia de estos sub-productos estén atentos al duelo que mantiene Chen Lee (Shangai Joe) con un toro en la primera parte. Si el argumento de “El Kárate, el Colt...” ya les pareció delirante, esta escena en pleno (spanish) Tex-Mex les puede hacer caer de espaldas.

En un nuevo intento de revitalizar el subgénero del kárate western, el intrépido Jackie Chan llevó adelante la comedia Shangai Kid. Del Este al Oeste, esta vez con capital norteamericano y que obtuvo un notable éxito en la taquilla, llegando a realizarse una secuela de la misma, esta vez ambientada en Londres, lo que demuestra que por sorprendente que pueda parecer, el kárate western no está dispuesto a perecer.