Si alguno de ustedes, ronda hoy la treintena y vivió en España durante la primera mitad de la década de los 80, casi con toda certeza recordará una serie de libros que editados por Timun Mas titulados “Elige tu propia aventura” resultaron todo un adelanto a su tiempo, aportando una interactividad a la lectura a la vez que una adicción nunca vistas hasta el momento, al menos para quienes por aquel entonces nos dedicábamos a matar las horas de ocio con el cubo de Rubik y esta colección de libros.

En “Elige tu propia aventura”, el lector se debía enfrentar a la lectura del libro como un juego, en el cual debería tomar decisiones mientras progresaba la narración de la historia, estas decisiones dotaban de mayor o menor suerte al personaje, mientras se saltaba aleatoriamente de unas páginas a otras, hasta conseguir llegar a un final que dependiendo de la suerte y del buen ojo, podía dar la victoria al lector o la peor de las derrotas, sólo subsanada con una necesaria nueva lectura del libro-juego.

Todo este invento llegó de las manos de un abogado norteamericano, reconvertido en escritor juvenil, llamado Edward Packard, el cual firmó varios de los libros de la colección, convirtiéndose en un precursor, hace ya casi un cuarto de siglo, de los juegos de rol y del control de personajes de ficción cuando lo más parecido a la informática eran los primitivos juegos de Atari.

Ayer, en casa de mi madre, encontré los títulos que tantas horas de placer me habían proporcionado “Tu clave es Jonas”, “El reino subterráneo” entre otros. Quizás, para quienes no vivieron aquel fenómeno en su momento les pueda parecer ridículo, pero si no fue así, a buen seguro que comprenderán la nostalgia que desprende este post.