29 años después del estreno de “Quien puede matar a un niño”, sería difícil sortear todos los obstáculos que impedirían llevar a los cines una película con un título tan incómodo. como el elegido por Narciso Ibáñez Serrador quien continuaba tras la cámara después de acercarse al cine de género con su primer largo titulado “La Residencia”. Con un bagaje impecable tras dirigir la exitosa serie de televisión “Historias Para No Dormir”, y conseguir diferentes premios por varios de los episodios emitidos en ella, decidió romper todo tipo de reglas y estereotipos para con el cine de terror, adaptando la novela de Juan José Plans titulada “El Juego” y convertirla en lo que sería uno de los mayores hitos del cine de terror realizado en España.

Ibañez Serrador decidió desde un buen momento distanciarse de los sobados clichés que parecían ser indivisibles en toda obra de terror y para ello decidió darle la vuelta al género. Ya no era necesario mantener en vilo al espectador en lúgubres castillos bajo la tenue luz de la luna, ni siquiera tenían por que existir temibles asesinos con cara de pocos amigos. Decidió acercar el horror a la cotidianeidad, aproximándolo allá donde nunca pasa nada y resulta evidente que nunca a de pasar otorgando un mayor grado de sorpresa al espectador.

El mayor acierto de Serrador fue la elección de los “malos” del film, unos a simple vista indefensos niños que dominados por una misteriosa fuerza que se retransmiten entre ellos mediante la telepatía, deciden acabar con la vida de sus mayores, dejando la población sin ningún adulto y quedándose ellos como únicos habitantes. Durante los angustiosos títulos de créditos iniciales, al espectador se le proporcionan algunas de las pistas del por qué de la reacción de los pequeños. En ellos, vemos las miserias de las guerras creadas por los adultos: Corea, Vietnam, 2ª Guerra Mundial... y se va informando del número de muertes entre la población infantil, siempre la más indefensa e inocente en todo conflicto pero también la mayor víctima potencial de la violencia adulta. De estos títulos de crédito, podemos interpretar la revuelta de los niños como un acto de defensa, acabar con las generaciones anteriores como única vía de subsistencia o como una retorcida y sádica interpretación del relevo generacional.

La elección de Rafael Alcaine al mando de la dirección de fotografía, resultó magistral. Alcaine fotografía en “Quien Puede...” unos cielos totalmente azules, radiante y llenos de vida que se convierten en sofocantes, teniendo al Sol como principal aliado del mal, al igual que las calles donde se desarrolla la acción, tranquilas y bucólicas como el resto del pueblo pero a la par que terroríficas.

Resulta interesante poder ver la película en versión original ya que pese a ser una producción española gran parte de los diálogos entre los dos protagonistas son en inglés por lo que la sensación de incomunicación potencia si cabe aún más la angustia en el espectador. A pesar de ello, en el momento de su estreno, “Quien Puede...” se estrenó íntegramente doblada al castellano, por lo que algunas de las escenas del film parecían quedar inacabadas.

Desgraciadamente, “Quien Puede...” acabó siendo el testamento en el mundo del largo para su director, quien se vio superado por el goloso éxito de sus concursos y producciones para T.V. a pesar de que dicha trayectoria quedó grabada con letras de oro en universo catódico, resultó una lástima perder para el cine de terror a quien pudo haber sido uno de sus mejores representantes en España.