Quien de ustedes no ha tenido en alguna ocasión un mal día, y ha decidido marcharse a unos grandes almacenes, para así despilfarrar cuantiosas cantidades de dinero en objetos completamente inútiles, a los que nunca se les sacará ningún tipo de servicio y que seguramente acabarán en algún rincón de la casa, olvidados y molestando, ya que la llegada de nuevas compras inútiles impedirán su almacenamiento.

Comprar genera endorfinas, proporciona placer al comprador, al igual que también genera endorfinas el sexo o la comida. El sistema conoce bien el placer que proporcionan las compras y por ello no cesa en bombardearnos con publicidad consumista.

El precio de la vivienda es altísimo, quien más, quien menos tiene una elevada hipoteca pero a pesar de ello, la máquina necesita mover sus engranajes así que insta a que consumamos aún más, de manera que a golpe de crédito compramos coches, viajes y televisores de la más alta tecnología, no hay límite, pagar no es lo importante lo que importa es alimentar a la máquina darle aquello que nos pide y saciarla de lujuria.

Los grandes beneficiados de todo ello son -evidentemente- los bancos, los guardianes de nuestro dinero, aquellos que nos lo prestan para que se les torne con potenciales beneficios. Prestan el dinero para comprar una casa, al mismo tiempo que la casa se la estamos comprando a ellos mismos ya que como buenos conocedores del problema, también son los propietarios de inmobiliarias y constructoras. Así que el lucro resulta aún mayor.

Una buena iniciativa es la que nos propone el colectivo "Consume Hasta Morir", la propuesta no deja de ser original, atacar al sistema con sus propias armas, internet, teléfonos móviles... para así hacerse sonar, colectivizarse y poder comprar entre todos, directamente al productor, prescindiendo de grandes cadenas de ropa o supermercados.

A pesar de todo, dudo que la masa hipnotizada por rayos catódicos pudiese llegar a prescindir de este sistema esclavista que nos subyuga y al que casi irremediablemente nos vemos sometidos.