La Coctelera

CONDICIONES ADVERSAS V.2

Después de pasar unas cuantas semanas en la sombra, por alteración del orden blogosférico, vuelvo a las andadas. Como ya anuncié anteriormente, traslado Condiciones Adversas a Wordpress, no tengo nada en contra de La Coctelera, sencillamente me apetecía cambiar de aires y comprobar cuales eran las bondades de la nueva plataforma. En un principio pensé en trasladar el blog de manera íntegra, pero se me resultó sumamente tedioso, de manera que he optado por llevarme algunos de los artículos ya publicados en La Coctelera, más que nada para que la página no pareciera demasiado desangelada.

Quiero agradecerles su paciencia, por sus visitas a este blog, que pese a permanecer inerte durante una temporada iba acumulando numerosas visitas diarias. Desde hoy, podrán realizarlas aquí donde encontrarán más de lo mismo, psicotronía, caspismo y puterio fino.

Nos leemos

MIGRACIÓN DE LA COCTELERA A WORDPRESS

¿Alguien me puede indicar cómo migrar un blog de La Coctelera a Wordpress, Si que se pierdan demasiados archivos en el traslado y a ser posible, conservando los comentarios acumulados?

SINDROME ELECTORAL (II) PASADOS IMPERFECTOS

La imperfección democrática.

SINDROME ELECTORAL (I) JOSEP RENAU

Resulta difícil mantenerse al margen de la campaña electoral. Mirarla desde una cierta equidistancia y de reojo puede, incluso, llegar a ser saludable, y se puede llegar a interpretar como un inmenso circo mediático donde unos sacan las tripas a los otros para más tarde devorarse entre ellos, para así volatilizar el espectáculo a modo de catársis pública.

De todo este circo que observo con meridiana perspicacia, existe algo que me deleita y es el cartelismo. La representación del político, como un ser mutante que invade las paredes de la ciudad. Aquel que se ofrece para “ayudarnos” se transmuta en un ser benévolo, complaciente y dado a resolver hasta el menor de nuestros problemas durante quince días, que la vida del político es muy dura y tras la campaña toca engordar, saciar el estómago tras el desgaste físico que supone tantos mítines y el consiguiente desgaste en la memoria del mesías-político que opta por descomponer el cuerpo de Dr.Jekyll que se había enfundado, para volver a ser el Mr.Hyde que guardó durante un tiempo en el armario.

Si he largado toda esta parrafada, es por que me apetecía recordar la obra de uno de mis cartelistas políticos favoritos, Josep Renau. El verdadero alquimista del mensaje enmarcado, cuando estos mensajes eran más que la cara sonriente del político a votar y representaban toda una historia, narrada en una sola imagen en la que se desnudaba al enemigo, se le hacían evidentes las vergüenzas y las mentiras y animaban al votante a ser inteligente, a ir más allá de la imagen sonriente y de las bondadosas mentiras del candidato. Claro, que hoy es difícil colgar en las paredes de la ciudad, imágenes como estas y pretender que el votante se detenga ante ellas, que las interprete y le hagan ver la verdad oculta. Hoy el pueblo ha sido abducido por Mr.Hyde y permanece encerrado en aquella caverna que tan bien describió Platón en La República.

LOS PANTALONES DE CHUCK

A Chuck Norris podremos reprocharle muchas cosas. Pero no seré yo quien critique un trabajo que tantos buenos momentos me ha aportado. Desde la magistral exhibición de patadones en "El furor del dragón", done el pecholobo de Chuck contrastaba con el barbilampiño de Bruce Lee, en la que sin lugar a dudas es una de las escenas cruciales del cine de artes marciales, o de karatecas, para quienes nos criamos asistiendo a los cines de barrio, donde Norris, se erigía como el gran héroe del pueblo. El ejemplo a seguir pues era él quien mejor impartía su justicia ciega. Así que no cesábamos de babear ante la pantalla cuando le veíamos aparecer en "Desaparecido en combate" mientras decapitaba ratas a dentelladas, o en “Los valientes visten de negro”, “Invasión U.S.A.” y demás sub-productos filofascistas de la energética Cannon Group, que nos transportaban durante poco más de una hora al más próximo de los cielos barriobajeros.

Con el tiempo me he ido apartando de Chuck, aunque le he seguido viendo de reojo durante las mañanas de los domingos en “Walker, Texas Ranger”. Pero cuando no consigo apartar la vista de la pantalla, es en las sesiones noctámbulas de la televisión, viéndole ejercitar su cuerpo con aparatos imposibles, propios de un Profesor Bacterio trasnochado.

Mientras espero hacerme con alguno de los cacharros que promociona Chuck, me he ido a buscar entre los mercadillos de mi barrio, unos pantalones elásticos como los que nadie mejor que él lucía en sus películas. Los únicos que no se rompen y encajan como ninguno los mejores patadones.

TATUAJE EXTREMO, LA SEGUNDA PIEL

Me fascina el tatuaje extremo. No lo practicaría en mi cuerpo, pero siento una especial fijación en los cuerpos que se convierten en lienzos vivientes, rellenando hasta el último recoveco de la piel con tatuajes, hasta convertirse en auténticas obras de arte vivientes.

Dos de los ejemplos que últimamente me tienen obsesionado, son Isobel Varley, una mujer de 70 años, que a pesar de iniciarse a una edad tardía en esto del tatuaje, no ha cesado en rellenar su cuerpo con dibujos de todo tipo.

Otro ejemplo que me fascina, es el de Pascal Tourain, un francés de dos metros de altura que es en sí mismo una auténtica obra de arte, con alucinantes tatuajes, donde se repasan escenas del "Freaks" de Browning y otros monstruos de feria.

LA HIPNOSIS DE LA LIBERTAD

Luis Buñuel comenzó a gestar el germen de “El Ángel Exterminador” 29 años antes. Mientras rodaba “Las Hurdes. Tierra sin pan” observó como los habitantes de aquel desolado paraje, continuaban vinculados a la tierra que les veía nacer, mal vivir y en el peor de los casos morir prematuramente. Buñuel se cuestionó por qué los hurdanos se obstinaban a vivir en aquellas condiciones, y no decidían marchar del lugar en busca de una vida mejor.

La idea del ser humano secuestrado por sí mismo, en una cárcel sin paredes ni vigilantes que impidieran cualquier tipo de huida, fascinó a Buñuel y aplicó la esencia del secuestro voluntario en aquel Ángel Exterminador, que volaba invisible sobre las cabezas de los burgueses, hacinados entre las decadentes paredes de puertas abiertas, que pese a todo impedían la voluntad de salir del auto proclamado zulo.

Sería difícil escoger entre toda la filmografía de Buñuel, una película como favorita, y a la vez resultaría estúpido hacerlo, pero me arriesgaría a ver en “El Ángel Exterminador”, la película más impactante de su etapa mexicana. No sólo por su planteamiento y excepcional puesta en escena, si no por la esencia misma que destila la obra, la cual podríamos aplicar hoy, por extensión a la nueva sociedad burguesa. Los nuevos burgueses, hijos del consumo y consumidores por extensión, que pueblan (Poblamos) el primer mundo y que ven como desfila la vida, sin poder ser protagonistas de ella, dejándose llevar por un destino no siempre justo, que decide por un individuo que se cree libre, por el mero hecho de tener las puertas abiertas de par en par, sin saber, que tras ellas está el Ángel Exterminador, dispuesto a reprimir el paso a quien piense revelarse ante la hipnosis subyacente a la que se ve sujeto y le impide ir más allá de una vida monótona y rutinaria.

Apéndice: Estoy pasando por un momento Buñuel, y sin lugar a dudas esto se está notando en las últimas entradas.

BUÑUEL Y EL PIGMALIONISMO

Me apasionan las obsesiones de Buñuel. Sus fijaciones vienen a ser un hilo conductor en el conjunto de su obra, convirtiendo las parafilias del autor en un elemento de referencia característica en su legado cinematográfico. Su obsesión por los pies, la dominación, los zapatos o las piernas de sus actrices. No resulta relevante, afirmar que Buñuel era un fetichista y de ello dio fe en el curso de su obra. Y si tuviese que escoger entre una de las parafilias de Buñuel, me quedaría con su obsesión por los maniquíes, que tan bien supo tratar durante su época mexicana en “Ensayo de un crimen”, donde a través de Archibaldo de la Cruz, Buñuel se recreó tanto como pudo con los maniquíes femeninos que aparecen a lo largo del metraje.

Archibaldo desmembra, construye y ama mediante este fetiche de forma humana. La obsesión del personaje cobra cuerpo de plástico y el director se -nos- recrea con primeros planos de su fetiche preferido.

He estado buscando información al respecto, y he conseguido encontrar nombre a esta bendita parafilia, se trata de agalmatofilia o pigmalionismo, que viene a ser algo así como la atracción por las estatuas o maniquíes desnudos, y no es en absoluto ninguna propiedad de Buñuel el hecho de crear con arte con estos personajes inertes, el fotógrafo Bernard Faucon compone buena parte de su obra con maniquíes que aportan una dimensión estremecedora a sus imágenes e incluso el mismo Helmut Newton, o Man Ray llegaron a sustituir en alguna ocasión a sus modelos femeninas por la versión plastificada de la humanidad que tanto llega a apasionar a quienes no nos resistimos a retirar la mirada de los escaparates durante los últimos días de rebajas, cuando ya no queda ropa en la tienda, ni tan solo para cubrir a los maniquíes.